Evento

Procesión del traslado de las reliquias de San Victorino en Arévalo (1609)

de Vicente Delgado, Alfonso

Resumen

Fue característica principal de la religiosidad de la contrarreforma católica el culto a las reliquias. Las catacumbas romanas fueron una auténtica mina que facilitó restos y cuerpos enteros para satisfacer el ansia por poseer importantes reliquias. Ese fue el caso del mártir San Victorino, cuyos restos llegaron a Valladolid en 1608 y a Arévalo al año siguiente, para colocarlos y rendirles culto en el nuevo colegio de los jesuitas. Para eso se organizó unas solemnes fiestas que incluyeron procesión con todos los elementos de la fiesta barroca: comedias, carros triunfales, danzas y música. Para solemnizar los actos religiosos se contó con la participación de varios miembros de la capilla de música de la catedral de Segovia.


Palabras clave

procesión , tañido de campanas , motete , misa (género musical) , villancico , danzas , traslación de reliquia , comedia , bullicio en la calle , música en las calles y plazas , misa , capilla de música de la catedral de Segovia , Pedro Marín (tiple) , Francisco González (tenor) , Juan de Ávila (contralto) , Alonso Cortinas (tañedor de corneta) , Pedro Vidal (tañedor de sacabuche) , Antonio Ortes u Hortes (ministril) , gentío , clerecía , Orden de los franciscanos descalzos , Compañía de Jesús , compañía teatral


En 1579 el arevalense Hernán Tello de Guzmán y Quiñones, gobernador de Orán y Mazalquivir, y su mujer María Tello de Deza hicieron testamento donando a la Compañía de Jesús un juro para la fundación en Arévalo de un colegio que inició su construcción en 1593 e impartiría gramática hasta la expulsión de los jesuitas. El 14 de octubre de 1608, merced a las gestiones del jesuita Ricardo Haller, confesor de la reina Margarita de Austria, recibió en secreto una urna con los cuerpos de los mártires romanos San Gabino y San Victorino (o Vitorino), hallados en las catacumbas romanas de San Sebastián en 1606. Los restos fueron trasladados a Valladolid, sede de la corte, y allí el padre Fausto de Guevara, rector del colegio arevalense, echó a suertes y eligió el cuerpo del segundo de los santos, y lo llevó a su colegio en secreto hasta obtener las licencias para su entrada pública y colocación solemne de cara a su público culto. Obtenidas éstas, el rector solicitó al Ayuntamiento el 7 de marzo de 1609 ayuda para colocar las reliquias del santo en un sepulcro con "la proçesión y fiestas que para semejante ocasión es neçesario". El Ayuntamiento de la ciudad acordó "que para aquel día bengan a esta villa clérigos de los lugares de la jurisdizión de esta villa con las cruçes y pendones, para que con las cruçes de las yglesias desta villa y clerecía della sea gran proçesión, y se aga un arco triunfal muy bueno para elebar el santo, y seis andas para llebar las reliquias que ay en esta villa y en el dicho Colegio, y se agan veinte y quatro achas de çera blanca para el dicho arco y andas y belas para todos los clérigos, y se trayan comedias que representen a la proçesión, y para otro día siguiente se corran seis toros, con regoçijo de juego de cañas de veynte y quatro caballeros desta villa, a quien se an de dar libreas para ello. Para todo lo qual y luminarias, músicas de chirimías, tronpetas y atabales, y música de canto de órgano para la proçisión, son menester más de dos mill ducados". El elevado coste impidió que se llevaran a cabo esta procesión y traslado de reliquias, por lo que se intentó hacer las fiestas de San Vitorino juntamente con las del Corpus o un día de la octava. Tampoco se hizo así y un tercer proyecto de fiesta fue el que por fin se llevó a cabo.

La procesión tuvo lugar el 5 de julio de 1609.

Según el cronista José Tamayo por la mañana se llevó en secreto el cuerpo del mártir al convento de clarisas de La Encarnación, donde llegaron no sólo "más de ochenta cruces y otros tantos luzidísimos pendones con la clerecía de todo el arziprestazgo, sino innumerable concurso de gente de toda aquella comarca, que está muy poblada de lugares". Se sacó una reliquia para veneración de las monjas e inmediatamente comenzó a efectuar milagros, entre ellos curar de un persistente dolor de muelas a la monja sacristana que "en señal de su alegre agradecimiento corrió luego a tocar las campanas ayudando como pudo el festejo".

"Cantose luego una missa con toda solemnidad, oficiando la capilla de cantores de la cathedral de Segovia, que para esta fiesta conduxo la Villa, y se esmeró mucho en los primores de su arte los tres días que se continuó esta festividad.

Entretanto en el compás del convento se ordenó la processión, que fue lucidísima, grave y numerosa. Precedían las cruces de los lugares, acompañadas de sus entandartes, seguíanse las comunidades religiosas de San Francisco, la Santísima Trinidad y la Compañía, aquellos con velas y estos últimos con hachas de cera blanca. Luego se seguían los señores del clero, que también llevan en las manos luces, remataba el preste, que levaba en las manos la cabeza de S. Victorino, acompañado de diácono y subdiácono, y de diez curas con capas ricas y cetros de plata.

Últimamente venía la urna con el cuerpo del santo en un rico y curioso carro tryunfal, que se avía hecho parta este efecto, adornado de vistosas flores y ricas telas, movido por el impulso de personas ocultas a los lados tenía repartidos en proporcionada distantia doze mascarones de plata; de los quales pendían doze cordones de seda que llevaban en las manos otros tantos regidores de la Villa. La qual en forma capitular venía detrás, con el corregidor; y después infinita multitud de gente.

Fuera de gran proligidad referir aquí el adorno de las calles, lo vistoso, y rico de las colgaduras, que pendían de las paredes, los mote y letras que cantó la música en varias estancias de la processión, las danzas, que siendo quatro diferentes, hazían alegrísimo entretenimiento a todos: y mucho menos se podrá referir lo mucho que aquella nobilíssima Villa previno para festejar este recibimiento ...

Con toda esta pompa llegó el Santo a la Iglesia del convento de la Real, que es de monjas del Císter, antiguo santuario de aquella Villa: donde entró el carro triunfal y cantó la música algunos motes y letras compuestas al propósito de la ocasión presente y en la plaza que delante del convento se representó una comedia sobre un tablado, que se avía levantado capaz theatro para representar la vida del santo, y las quatro danças hizieron sus abilidades con gran destreza.

Acabado este acto prosiguió la processión hasta el colegio de la Compañía: sin cessar en todo este tiempo el general repique de campanas de todas las comunidades y parroquias. Entró el carro en la iglesia hasta la capilla mayor, donde paró, y allí volvieron a cantar los mússicos y se remató la solemnidad de la mañana con una conmemoración del santo mártyr, que cantó el preste, porque aviendo llegado allí tan tarde no se pudo pasar a otras funciones."

Los músicos de la catedral de Segovia que asistieron a la misa y procesión de Arévalo fueron Pedro Marín (tiple), Francisco González (tenor), Juan de Ávila (contralto), Alonso Cortinas (corneta), Pedro Vidal (sacabuche) y Antonio Ortes/Hortes (ministril), pues al día siguiente fueron multados por el cabildo segoviano por irse "sin pedir licencia del cabildo ni del señor presidente a unas fiestas a Arévalo sabiendo que sus Majestades estaban aquí". La elección de estos músicos segovianos pudiera ser debida al hecho de que una hija de otro ministril segoviano, Pedro Ortes (sin duda familia de Antonio), había tomado el hábito de monja en Arévalo a comienzos de ese mismo año.

No queda constancia de qué misa pudo interpretarse en esa fiesta, ni menos aún los motetes (motes) y villancicos (letras) compuestos para la ocasión. El maestro de capilla de Segovia en esas fechas era Pedro Serrano, que había trabajado junto a Sebastián Vivanco y a quien sustituyó. En septiembre del año anterior a esta festividad Vivanco había enviado al cabildo segoviano una de sus recientes ediciones.

Fuente:

Tamayo, Joseph: Vida y milagros de el glorioso mártyr San Victorino patrón de la muy noble villa de Arévalo y de todo su arciprestazgo. Traslación de su sagrado cuerpo de Roma a España y su colocación en el Colegio de la Compañía de Iesús de dicha Villa, Salamanca, Melchor Estévez, 1677.

http://uvadoc.uva.es/handle/10324/43017

Bibliografía:

Cervera Vera, Luis. San Vitorino patrón de Arévalo, Arévalo, Boletín de El Terral. Asociación de Cultura y Arte, 1 (1983); López-Calo, José. Documentario musical de la Catedral de Segovia. Vol. 1: Actas capitulares, Santiago de Compostela, Universidad, 1990, 76-77.

Creado: 20 Oct 2020
Modificado: 02 Nov 2020
Referenciar: de Vicente Delgado, Alfonso. "Procesión del traslado de las reliquias de San Victorino en Arévalo (1609)", Paisajes Sonoros Históricos, 2020. ISSN: 2603-686X. http://www.historicalsoundscapes.com/evento/1211/arevalo/es.