Música doméstica en el palacio de los marqueses de Ayamonte (siglo XVI)
Ruiz Jiménez,
Juan
Real Academia de Bellas Artes de Granada
0000-0001-8347-0988
Resumen
El palacio de los marqueses de Ayamonte se encontraba ubicado en el siglo XVI en el entorno de la plaza de Regina, lindero con El Coliseo de Sevilla, al que se abrió un acceso directo para que los residentes en él pudiesen acceder sin costo alguno.
Palabras clave
música doméstica , representación teatral , proyecto mujeres y redes musicales , Teresa de Zúñiga (III duquesa de Béjar) , Leonor Manrique de Castro (marquesa de Ayamonte)
En el entorno de la plaza de Regina se encontraba el palacio de los marqueses de Ayamonte. En 1553, doña Teresa de Zúñiga, III duquesa de Béjar, refundaba, por orden de su madre doña Leonor Manrique de Castro, marquesa de Ayamonte, el convento dominico de Regina Angelorum. El palacio de la duquesa tenía comunicación directa con el convento, a una tribuna, y en su capilla mayor se enterró doña Teresa de Zúñiga, su marido y algunos de sus hijos. A su muerte, en 1565, dejaba, entre otras cosas, 150.000 maravedís de rentas para misas por su alma, la de su marido y sus hijos, y numerosos objetos de culto y ropaje sagrados de la propia capilla personal de su palacio. Según su confesor, Domingo de Valtanás, oía misa, vísperas, completas y maitines diariamente y rezaba todas las horas canónicas.
Desconocemos la más que probable actividad musical que tendría lugar en este importante palacio hispalense, pero puede suponerse de lo que conocemos de la actividad musical en la casa de su marido, el III duque de Béjar, compartida con la que se desarrollaría en la otra residencia que este linaje tenía en la judería (Palacio de Altamira).
El palacio lindaba también con el corral del comedias de El Coliseo. El marqués de Ayamonte autorizó que se abrieran cinco ventanas en la pared medianera de su palacio, para dar luz al Coliseo, y facilitó el acceso de materiales, obras que le ocasionaron un cierto perjuicio que la ciudad tasó en 500 ducados. Por esta razón, concedió al marques de Ayamonte, a petición suya, que se abriese una entrada al segundo aposento de los que lindaban con su casa para que lo disfrutase él y sus sucesores, sin satisfacer cosa alguna por ello a la ciudad ni a los arrendadores del Coliseo.