From Marseille to Barcelona: the abduction at Sérignan. The sixteenth stage of Francisco Guerrero's journey to Jerusalem (1589)

Ruiz Jiménez, Juan
Real Academia de Bellas Artes de Granada
0000-0001-8347-0988

Abstract

The journey from Marseille to Barcelona was, as Francisco Guerrero himself recounts, the most perilous part of his pilgrimage to the Holy Land, during which he found his own life in danger. They were attacked twice by French privateers, robbed and extorted, which led them to vow to visit the shrine of Our Lady of Montserrat if they managed to escape their captors unharmed.

Keywords

journey , Francisco Guerrero. El viaje de Jerusalén , Itinerary of Francisco Guerrero's journey to Jerusalem , mapping Francisco Guerrero , Francisco Guerrero (composer, chapel master) , Francisco Sánchez (musician) , Juan Ansaldo (merchant) , Jean François de Lort (Lord of Sérignan) , Henri I de Montmorency (3rd Duke of Montmorency)


Pasada la Pascua de Resurrección (2 de abril), Francisco Guerrero y su discípulo Francisco Sánchez se embarcaron en un bergantín con destino a Barcelona. Les acompañaban dos genoveses, uno de ellos llamado Juan Ansaldo, dos “italianos” y tres españoles. Juan Ansaldo, probablemente, sea el mercader genovés al que encontramos en 1591 presentando una carta requisitoria en la Casa de la Contratación de Sevilla para cobrar una deuda del también genovés Juan Bautista Zucarelo.

Salieron de Marsella con mal tiempo, lo que les hizo refugiarse en una cala, a unas “cinco leguas” (unos 32 kilómetros) de esa ciudad, “por no poder pasar adelante”.

Nada más desembarcar en tierra, vieron acercarse otro bergantín, pensando que lo hacía, al igual que ellos, para refugiarse de la condiciones climáticas. Como comprobarían poco después, sus intenciones eran bien distintas:

Venía lleno de arcabuceros ladrones, y aun algo luteranos, y descubriendo sus malas personas, con los arcabuces apuntados en el rostro, les dijimos que se detuviesen, y que nos dábamos por rendidos, porque hacer otra cosa resistiéndoles no se excusaba la muerte, porque en nuestro bergantín no había sino espadas, dos arcabuces mal en orden, que aunque fueran ocho eran pocos”.

La tripulación del bergantín asaltante, a la que Guerrero califica de “soldados (o por mejor ladrones)” subieron a la nave en la que viajaba el compositor. Tras haberles quitado las llaves de sus equipajes, registraron todo lo que llevaban. Mientras tanto, todos los miembros del barco abordado permanecieron en tierra, en silencio, temiendo por sus vidas. Al anochecer, los filibusteros los hicieron subir en su bergantín, tras haber saqueado sus ropas y armas: “volviendo una legua más a su estancia, una fortaleza donde ellos vivían y salían a estos asaltos”. Guerrero hace mención aquí, expresamente, a la lengua francesa, vehículo de comunicación de los corsarios, que se suma con su particular sonoridad al elenco de idiomas que escucharon a lo largo de su periplo.

El lugar en el que se refugiaron pudo ser alguna de las calas que abundan en esa parte de la costa del departamento Bocas del Ródano, a unos 30-35 kilómetros costeando desde Marsella en dirección a Barcelona, sin que se pueda precisar ni este lugar ni el emplazamiento de la fortaleza en la que fueron retenidos durante ocho días (ver recurso). El tratamiento al que fueron sometidos fue relativamente considerado, si bien fueron extorsionados, teniendo que pagar Guerrero la elevada suma de 25 escudos de oro (13.600 maravedís) por el rescate de sus pertenencias. A los tres días, llegó de Marsella uno de los integrantes de la banda, sin que lograran saber con qué noticias. Sus captores dijeron considerarse “cristianos… que como pobres soldados tenían necesidad”. Transcurridos ocho días, los dejaron partir, escoltándolos durante tres o cuatro leguas con su bergantín, con la advertencia del capitán de que si regresaban a Marsella para denunciarlos y volvían a capturarlos les cortarían las cabezas.

No terminarían aquí los avatares de esta más que azarosa etapa del viaje. Siguieron cabotando por la costa francesa durante dos días. Estando ya en la costa del Languedoc, “caminado al remo”, vieron salir de un río un bergantín “muy apriesa”, embarcar en la costa alguna gente y empezar a perseguirlos. Cuando creían haberse alejados de ellos: “vimos venir un navichuelo a la vela, viento en popa contra nosotros”. Al llegar a su altura: “descubriéronse otra docena de arcabuceros ladrones y luteranos y puestos los arcabuces en el rostro nos rindieron y entraron en nuestro bergantín”. Como había ocurrido en el episodio anterior, volvieron a desvalijarlos.

Ataron el bergantín a su navío y los remolcaron río arriba, como una legua, “junto a un pueblo que se llama Ciriñán”. En este caso sí se puede identificar exactamente el lugar: subieron por el rio Obs, hasta llegar a Sérignan (ver recurso). Guerrero confiesa que:

Esta segunda prisión nos dio más temor de morir, según dijo uno de los soldados a Juan Ansaldo, porque tuvo en el rostro el arcabuz para descargarle y matarme y que no sabe como fue que disparó en alto. Esto lo atribuimos a que todos a este tiempo nos encomendados a Nuestra Señora de Montserrate, haciendo voto de ir a su casa y decir misas”.

La tradición de marineros y viajeros que hacían votos de peregrinar a Montserrat se remonta a la Edad Media, impulsada por la devoción a la Virgen de Montserrat, como protectora y Stella Maris.

Tras cuatro horas en el río, llegó “un caballero francés” que hizo relación de las pertenencias que llevaban y ordenó guardarlas en el navío. Con él, se dirigieron a Sérignan, que estaba a una legua, ofreciéndole a Guerrero su cabalgadura, en atención a su edad. Llegados al pueblo, se alojó en su casa: “cené con él y fui muy bien hospedado”. Fueron recibidos “alegremente”, al día siguiente, por el señor de la villa, el cual les aseguró que no debía temer nada, porque era “cristiano”, y que tenía la intención de escribir al “duque Memoransi”, señor de la provincia de Languedoc. Guerrero se está refiriendo a Jean François de Lort (1545-1598), señor de Sérignan, y a Henri I de Montmorency (1534-1614), duque de Montmorency, gobernador del Languedoc desde 1563 y mariscal de Francia en 1567, respectivamente.

El compositor nos cuenta que tuvieron la suerte de que un genovés, “pariente y amigo” de Juan Ansaldo, fuera secretario del duque, el cual, al enterarse de su captura, hizo las diligencias para que los liberaran. El duque redactó y les envió “un pasaporte” que les permitiera viajar con seguridad si se encontraban con algún navío más en la región. Salieron de Sérignan: “alegres, aunque se nos quedaron algunos escudos entre los soldados”.

Tras cuatro días de navegación llegaron a Barcelona, probablemente en torno al 20 de abril, donde:

Dieron gracias a Dios por habernos escapado destos franceses y así mesmo de muchas galeotas de turcos que por la costa de Cataluña andaban, de las cuales tomó un hijo de Andrea Doria nueve dellas. Digo ciertamente que con haber andado entre turcos y moros y alárabes no tuvimos pesadumbre ni peligro sino en Francia”.

El episodio al que alude Guerrero en esta última cita está documentado. En abril de 1589, el almirante genovés Giovanni Andrea Doria, sobrino e hijo adoptivo del almirante Andrea Doria, logró una destacada victoria naval al apresar nueve galeotas turcas en los Alfaques de Tortosa, en el delta del Ebro.

Queda a la especulación cuánto tiempo se quedaron en Barcelona y qué lugares pudieron visitar en la ciudad, muy probablemente algunos de los grandes centros religiosos que en ella había, para expresar ese agradecimiento al que el compositor hace referencia: la catedral y/o las iglesias de Santa María de Pi y de Santa María del Mar. Guerrero debía ser bien conocido en los círculos musicales de la ciudad y sus libros de misas formaron parte de la librería musical de la catedral barcelonesa. Véase: https://www.historicalsoundscapes.com/evento/1150/barcelona.

Resources

Carte de Cassini (18th century)

Sérignan. Carte de Cassini (18th century)

<El viaje de Jesusalén. Francisco Guerrero (Sevilla, 1592), fols. 89v-96r