Organ, chant book library and other acoustic features of the Convent of Santa María de la Cabeza in Granada
Ruiz Jiménez,
Juan
Real Academia de Bellas Artes de Granada
0000-0001-8347-0988
Abstract
Documenting musical activity, the organs and the chant books library of Spanish male convents is always a complex task, due to the loss of records that occurred mainly as a result of the confiscation of church property (desamortización). In this article, I have compiled some information on these and other musical elements of the convent of the Discalced Carmelites of Santa María de la Cabeza in Granada.
Keywords
organ , chant book , bell , sound of small bells , sound of the water , Order of the Discalced Carmelites , organist , water
La documentación de la actividad musical y de los órganos y librerías corales de los conventos masculinos hispanos siempre resulta compleja, debido a la perdida de documentación experimentada principalmente con los procesos de desamortización. Este es el caso del convento de Santa María de la Cabeza de Granada.
Francisco Bermúdez de Pedraza, en el libro tercero, capítulo XVI, de sus Antigüedad y excelencias de Granada, publicado en 1608, nos dice que la primera fundación de carmelitas calzados en Granada tuvo lugar en el barrio de la Churra, “en la parte que los moros llamaban Almanzora”, en 1552, y que estuvo a cargo del padre [Sebastián] Sigler que era valenciano. En este pobre aposento estuvieron solo dos años, trasladándose a la cuesta de Gomérez, en la que su residencia se prolongó durante veinte años. Según relata el carmelita fray Benito de Salvador, en 1575, ya se habían trasladado del recinto, “junto a la puerta del bosque de la Alhambra”, a la orilla del río Darro:
“Entre los puentes que llaman del Carbón y de los Curtidores, cuya traslación segunda fue hecha por el E.P.M. fray Bartolomé de los Reyes, prior a la sazón de aquel convento, y con licencia del Illmo. S. D. Pedro Guerrero, arzobispo de Granada, hacia los fines de la rebelión y alzamiento de la Guerra que los moriscos hicieron en ella”.
Según Miguel Rodríguez Carretero, en su Epítome historial de los carmelitas calzados de Andalucía, redactado a principios del siglo XIX, parece que ese traslado a la ribera del Darro tuvo lugar en 1572. Con el paso del tiempo, el recinto conventual adquirió dimensiones notables:
“Muy capaz, con dos famosos salones que dividen los dos tan buenos claustros. Una escalera magnífica con tres subidas: la primera empieza en medio del salón bajo y desembarca en el segundo claustro alto y, desde este, las otras dos van a desembocar en el salón alto, con dos grandes balcones de balaustres, su media naranja bien elevada y su linterna por coronación… una gran librería con abundante copia de libros y muchos selectos, con varios manuscritos… La iglesia es grandiosa con ocho hermosas capillas embebidas y otra famosa con la puerta dentro de la capilla mayor que es en el día de la orden Tercera”.
La iglesia contaba con un buen número de imágenes de devoción, algunas de ellas al cuidado de las distintas cofradías. Tenía tres puertas: la principal estaba enfrente del altar mayor “con su portada de jaspe negro, aunque le falta la coronación y un decente cancel a la parte de adentro”, daba a la calle del Carmen (actual calle Mariana Pineda), las otras dos eran laterales, una de ellas salía “a la calle del Aire” (actual calle Lepanto) y la otra al claustro que se llamaba “de los Confesores”. Es en esta descripción donde encontramos los datos referentes al órgano y a la librería coral:
“Hay en esta iglesia un gran órgano y un coro alto de bastante buque, con su sillería muy decente de nogal, repartida en dos órdenes, altas y bajas, competente facistol y una librería de coro tan famosa que creo no la aventaja otra alguna, como no sea la de la catedral”.
La torre campanario estaba contigua a la iglesia y tenía “cuatro campanas que compiten con las mejores de la ciudad”. La descripción finaliza proporcionándonos información sobre otro elemento sónico del convento: “la gran fuente que adorna el claustro principal, de doce caños, que derramando todos mucha agua la hacen muy vistosa”.
Justo antes de su desamortización, el comisionado eclesiástico Antonio José de Montes, realizó una copia del inventario de los “efectos” hallados en la iglesia, sacristía y demás dependencias del convento granadino de los carmelitas calzados, en el cual se recoge que, en el coro alto, había: “en el testero una imagen de Nuestra Señora del Carmen, de talla, y ocho sillas de pino, altas y bajas; dos facistores, uno grande; dos ruedas campanilleras con veinte cuatro de metal; ocho cuadros con pinturas sagradas y un órgano en buen estado [los fuelles del órgano estaban en el trascoro]”.
En este mismo inventario, se recoge que en la torre continuaban, en buen estado: “cuatro campanas: la más gorda llamada María Bárbara, otra señalada de Nuestra Señora del Carmen, otra llamada María Magdalena, y la otra llamada de Paz, no tienen señalado el peso, con badajos y cuerdas de cáñamo”.
El convento fue desamortizado en 1836. En el expediente de los bienes conventuales, se deja constancia de que el 2 de mayo de 1836, Manuel Rosales García, cura de Ogíjares (Granada), solicita uno de los órganos de los conventos de Granada que habían sido exclaustrados y se le concede el del convento de Nuestra Señora de la Cabeza. Nada sabemos del destino de la gran librería coral de este cenobio carmelita. En 1848, el estado cede el conjunto edilicio a la corporación municipal, para trasladar a él su sede que había estado ubicada en el edificio de la Antigua Madraza desde la conquista de la ciudad.
El órgano, ya en coro de la iglesia de Nuestra Señora de la Cabeza de Ogíjares, fue destruido durante la Guerra Civil. Con los restos de la caja se construyó un pequeño retablo, desmantelado en tres partes, una de las cuales se quedó en la citada iglesia y las otras dos fueron a parar a la iglesia de Santa Ana, en esta misma localidad, donde se colocaron flanqueando el retablo mayor.