Feasts of the Incarnation of Our Lady endowed by private individuals in different churches and convents in Seville (1488–1550)
Ruiz Jiménez,
Juan
Real Academia de Bellas Artes de Granada
0000-0001-8347-0988
Abstract
This article lists donations made by private individuals to various churches and convents in Seville between 1488 and 1550, intended for use in celebrating the Feast of the Incarnation of Our Lady.
Keywords
the pealing of bells , mass , vespers , to play the organ , feast of the Incarnation (= Annunciation) , requiem mass , sermon , response , Alonso Martín de San Vicente (prebendary) , bell-ringer , organist , priests , preacher , ministers (deacon and subdeacon) , Constanza Fernández , Mayor Díaz de Sandoval , Ana de Escobar , Andrés Espinosa (priest)
La dotación de fiestas bajo distintas advocaciones por particulares en iglesias y conventos fue, desde la Edad Media, una practica habitual, encaminada a constituirse en una vía más que sumara en la particular cuenta del donante en el camino a la salvación de su alma. Estas dotaciones pías son transversales en lo que atañe al género y a la condición y estado de sus fundadores. La única limitación viene dada por la posesión de la renta necesaria para establecerla, cuyo montante varía según el lugar y las condiciones establecidas de un ritual que, a priori, debía celebrarse a perpetuidad, pero que, en la realidad, se simplificaba o incluso se extinguía cuando por cualquier causa cesaba la renta que la sustentaba.
En este artículo he seleccionado diferentes ejemplos, ordenados cronológicamente, que tienen en común la festividad elegida por el donante, la advocación de la Encarnación (= Anunciación) de Nuestra Señora que, al igual que otras fiestas marianas, fue objeto de gran devoción en los siglos XV y XVI, y un marco geográfico concreto, Sevilla. En todas ellas vemos una serie de elementos comunes y otros que marcan las diferencias en la solemnidad del ritual establecido:
* Alonso Martín de San Vicente, racionero de la catedral de Sevilla, dotó en la iglesia de San Vicente la fiesta de la Encarnación, que debía celebrarse, en abril, con los ministros acostumbrados, diácono y subdiácono, sermón y acompañamiento del órgano. La escritura pasó ante Cristóbal Fernández de Torreblanca, clérigo, notario apostólico, el 19 de abril de 1488. Estas fiestas, habitualmente, incluían la celebración de las vísperas y el servicio de la misa. Aunque no se explicite, siempre había un doble de campanas para convocar a la celebración del evento.
* El 21 de julio de 1495, Constanza Fernández, mujer del jurado Gonzalo Fernández, vecina de la colación de San Bartolomé, dotaba en la iglesia de San Isidoro de Sevilla una fiesta de la Encarnación con vísperas y misa de réquiem solemnes, cantadas con diácono y subdiácono, acompañamiento de órgano y prédicacion de sermón. Se incensaría, doblarían las campanas e irían a su sepultura, la cual bendecirían y en ella cantarían un responso. Se celebraría anualmente el domingo siguiente a la fiesta. La dotación paso ante Fernán Ruiz de Porras, escribano público de Sevilla, el 21 de julio de 1495. Nos proporciona todos los elementos esenciales de este tipo de dotaciones, los cuales no siempre se precisan con tanto detalle.
* Mayor Díaz de Sandoval, mujer que fue de micer Leonardo Espindola, dotó una fiesta de la Encarnación en la iglesia de San Lorenzo. Debía hacerse un domingo antes o después de la celebración de la festividad. Como era habitual, constaba de víspera y misa cantadas “con ministros, órganos y sermón” que se dirían por su alma y la de sus difuntos. Dejaba una renta de 500 maravedís anuales. La escritura de dotación pasó ante Bartolomé Sánchez de Porras, escribano público de Sevilla, el 8 de marzo de 1498.
El 1 de enero de 1544, Ana de Escobar dotaba una fiesta de la Encarnación de Nuestra Señora en la iglesia de Santa Lucía. Al igual que en los casos anteriores, debían oficiarse vísperas y misa cantada, "con toda solemnidad", con ministros (diácono y subdiácono) y el organista, en el día en que la Iglesia celebraba esa festividad o quince días antes o después. Para ello dejaba un tributo perpetuo de 350 maravedís.
* El 1 de junio de 1550, el clérigo Andrés Espinosa, en su testamento, dotaba una fiesta de la Encarnación de Nuestra Señora en la iglesia de San Gil. Como ya se ha señalado, se oficiarían vísperas y misa cantada, "con toda solemnidad", con ministros (diácono y subdiácono), el organista y el predicador para el sermón correspondiente, en el día en que la Iglesia celebraba esa festividad o en uno de los de su octava. Para ello dejaba un tributo perpetuo de 350 maravedís.