Feasts of the Conception of Our Lady endowed by private individuals in different churches and convents in Seville (1491–1550)
Ruiz Jiménez,
Juan
Real Academia de Bellas Artes de Granada
0000-0001-8347-0988
Abstract
This article lists donations made by private individuals to various churches and convents in Seville between 1491 and 1550, intended for use in celebrating the Feast of the Conception of Our Lady.
Keywords
feast of the Conception of Mary , mass , to play the organ , the pealing of bells , vespers , requiem mass , response , sermon , Juana Rodríguez , bell-ringer , organist , ministers (deacon and subdeacon) , priests , Constanza Fernández , Mayor Díaz de Sandoval , preacher
La dotación de fiestas bajo distintas advocaciones por particulares en iglesias y conventos fue, desde la Edad Media, una practica habitual, encaminada a constituirse en una vía más que sumara en la particular cuenta del donante en el camino a la salvación de su alma. Estas dotaciones pías son transversales en lo que atañe al género y a la condición y estado de sus fundadores. La única limitación viene dada por la posesión de la renta necesaria para establecerla, cuyo montante varía según el lugar y las condiciones establecidas de un ritual que, a priori, debía celebrarse a perpetuidad, pero que, en la realidad, se simplificaba o incluso se extinguía cuando por cualquier causa cesaba la renta que la sustentaba.
En este artículo he seleccionado diferentes ejemplos, ordenados cronológicamente, que tienen en común la festividad elegida por el donante, la advocación de la Concepción de Nuestra Señora, una de las que alcanzó mayor popularidad en los siglos XV y XVI, y un marco geográfico concreto, Sevilla. En todas ellas vemos una serie de elementos comunes y otros que marcan las diferencias en la solemnidad del ritual establecido:
* Juana Rodríguez, viuda de Juan Sánchez de Mayorga, dota a perpetuidad en la iglesia de Santa Ana una fiesta solemne de la Concepción de Nuestra Señora, en su día o en su octava. Constaría de Vísperas y Misa, cantadas con subdiácono y diácono, acompañamiento del órgano y sermón, “con toda la demás solemnidad que ser pudiere”. La dotación se efectúa en su testamento que pasó ante Pedro García, notario apostólico y público de Sevilla, el 29 de noviembre de 1491. Aunque no se explicite, siempre había un doble de campanas para señalar el evento.
* Constanza Fernández, mujer del jurado Gonzalo Fernández, vecina de la colación de San Bartolomé, dotó en la iglesia de San Isidoro una fiesta de la Concepción de Nuestra Señora, con Vísperas y Misa de réquiem solemnes cantadas con diácono, subdiácono, acompañamiento de órgano y sermón. Se incensaría, doblarían las campanas e irían a su sepultura, la cual bendecirían y en ella cantarían un responso. Se celebraría anualmente el domingo siguiente a la fiesta. La dotación paso ante Fernán Ruiz de Porras, escribano público de Sevilla, el 21 de julio de 1495. Nos proporciona todos los elementos esenciales de este tipo de dotaciones, los cuales no siempre se precisan con tanto detalle.
* Mayor Díaz de Sandoval, mujer que fue de micer Leonardo Espindola, dotó una fiesta de la Concepción de Nuestra Señora en el convento de Santa María la Real. Como era habitual, constaba de Víspera y Misa cantadas “con ministros, órganos y sermón” que se dirían por su alma y la de sus difuntos. Dejaba una renta de 500 maravedís anuales. La escritura de dotación pasó ante Bartolomé Sánchez de Porras, escribano público de Sevilla, el 8 de marzo de 1498. Como ya he señalado, siempre se convocaba a la ciudadanía a estos eventos por medio de un particular tañido de campanas.
* Andrés Espinosa, clérigo, en su testamento, fechado el 1 de junio de 1550, dotó una fiesta de la Concepción de Nuestra Señora en la iglesia de San Gil. Esta fiesta, como era habitual, incluía la celebración de vísperas y misa cantada, "con toda solemnidad", con ministros (diácono y subdiácono), el organista y el predicador para el sermón correspondiente, en el día en el que la Iglesia celebraba esa festividad o en uno de los de su octava. Para ello dejó un tributo perpetuo de 350 maravedís.