Aspectos sensoriales, litúrgicos y musicales del viaje del monje jerónimo fray Diego de Ocaña a las Indias (1599-1608): Lima (II)

Ruiz Jiménez, Juan
Real Academia de Bellas Artes de Granada
0000-0001-8347-0988

Resumen

En este artículo del itinerario dedicado a los aspectos sensoriales, litúrgicos y musicales del viaje del monje jerónimo fray Diego de Ocaña a las Indias (1599-1605) nos centramos en su primera estancia en la ciudad de Lima, donde estuvo desde el 23 de octubre de 1599 hasta el 6 de febrero de 1600.

Palabras clave

salve , traslado de una imagen de devoción , sermón , vísperas , misa , sonidos de animales , traslado de una imagen de devoción , luminarias , dispositivos pirotécnicos , cartografiando fray Diego de Ocaña , proyecto cofradías , Luis de Velasco y Castilla (virrey del Perú, I marqués de Salinas del Río Pisuerga) , Toribio Alfonso Mogrovejo (arzobispo) , Blasco Fernández de Toro (hidalgo) , Alonso Ramos Cervantes (secretario de la Santa Cruzada) , Elvira de la Serna , Jerónima de Orozco , capilla de música , Diego de Ocaña (jerónimo) , cofrades , cofradía de Nuestra Señora de Guadalupe


A los dos días de su llegada a la ciudad, Ocaña fue a presentarse a Luis de Velasco y Castilla, virrey del Perú, al arzobispo Toribio Alfonso Mogrovejo, “oidores, inquisidores y otras dignidades, en que gasté cuatro días”. Les presentó las credenciales reales y de su convento, así como una petición propia en la que exponía su misión de “pedir limosna y asentar por cofrades de Nuestra Señora de Guadalupe a todos los que quisieren serlo”. Solicitaba el nombramiento de la persona que tenía que demandar la dicha limosna y se la pusiera encabezando el libro en el que se inscribirían los futuros cofrades. Fue elegido para el cargo de mayordomo de la cofradía a Blasco Fernández de Toro, hidalgo, natural de Trujillo (España), el cual era “muy rico”, aportando una primera limosna de 200 ducados (75.000 maravedís). Fernández de Toro se encargó de acompañarlo por toda la ciudad para ir afiliando nuevos cofrades. El arzobispo “mandó que en todo su arzobispado se pidiese la limosna de Nuestra Señora de Guadalupe” y el comisario general de la Santa Cruzada hizo lo mismo. Ocaña logró asentar como cofrades al virrey, oidores y un nutrido grupos de personajes relevantes de la ciudad. Para completar su tarea, consiguió que dos benefactores de Medellín (España), Alonso Ramos Cervantes, secretario de la Santa Cruzada en los Reinos del Perú, y su mujer, Elvira de la Serna, hicieran una ermita a las afueras de la ciudad, camino a Pachacamac, en la que se colocó una nueva imagen de la Virgen de Montserrat que él mismo pintó: “hízose una imagen muy linda y rica, del mismo tamaño de la de España, pintada en lienzo, y allí puestas muchas perlas y piedras de esmeraldas y con tanta curiosidad que toda la ciudad acude a velar”. Este enriquecimiento con diversas joyas adheridas al manto de unas imágenes “triangulares”, modeladas a partir del grabado de Pedro Ángel (Petrus Angelus) incorporado al impreso de fray Gabriel de Talavera, Historia de Nuestra Señora de Guadalupe (1597), del que Ocaña llevaba en su viaje trescientos ejemplares, son comunes a las representaciones pictóricas de las vírgenes andinas con la advocación de Guadalupe. La intención de Ocaña era competir como centro de peregrinación con el de Guadalupe (Perú), en el que los agustinos custodiaban una imagen de la Virgen y de cuyas limosnas eran sus directos benefactores.

Véase: https://www.historicalsoundscapes.com/evento/1789/guadalupe.

En la celebración de la colocación de la imagen en la ermita limeña y en su octava predicó el padre Ocaña, el cual cita a una generosa viuda, Jerónima de Orozco, la cual se ocupó de él y ofreció una limosna por la que “acuden de ordinario ocho clérigos a cantar la salve a canto de órgano, la cual se dice con mucha devoción”.

Pocos años después, en 1614, Ramos Cervantes entregó la ermita a los franciscanos que edificaron una nueva iglesia y el colegio de San Buenaventura. Tras ser desamortizado, en el siglo XIX, el convento fue cárcel y el templo, en 1867, hospital francés de las monjas de Cluny. Este conjunto edilicio, situado en la llamada Plazuela de Guadalupe (actualmente Plazuela Aramburú) fue demolido en 1928 para la construcción del Palacio de Justicia.

Según el historiador Rubén Vargas Ugarte, la imagen pintada por Ocaña de la Virgen de Guadalupe se trasladó y depositó en un salón anexo a la nueva parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús, cercana al citado Palacio de Justicia, al lado del Estadio Nacional, lugar en el que se conservó hasta su restauración por Erman Guzmán Reyes, en 2013. Actualmente, el lienzo se encuentra en el Museo Arzobispal de Lima.

Ocaña se detiene en hablarnos “de las grandezas y cosas notables que hay en Lima”, capital del virreinato del Perú, donde se encontraba el palacio del virrey, la Audiencia real y las sedes del arzobispado, del Tribunal de la Inquisición y del Juzgado de la Santa Cruzada. En la conocida también como Ciudad de los Reyes se había fundado, en 1551, la Universidad de San Marcos, la más antigua de América: “con muchos doctores que la ilustran mucho, con las mismas constituciones de Salamanca. Hay cátedras de todas sciencias, provéense por oposición, tiénenlas muy buenos supuestos”.

Nuestro fraile jerónimo da cuenta de los conventos masculinos y femeninos de Lima, proporcionándonos de estos últimos algunas referencias musicales de interés:

En la [iglesia] de Sancto Domingo hay docientos frailes; en San Francisco hay más de doscientos; en San Agustín hay otra iglesia de tres naves, muy buena y muchos frailes; en Nuestra Señora de las Mercedes muy buen claustro y muchos frailes; en la Compañía de Jesús, mucha riqueza y curiosidad de reliquias, muchos religiosos y muy doctos que lucen mucho en las conclusiones. Conventos de monjas, la Encarnación, donde hay doscientas monjas de lindas voces, mucha música y muy diestras, y que en toda España no se celebran con más solemnidad las fiestas como en este convento, en particular la fiesta del Tránsito de Nuestra Señora, con tanto adorno y curiosidad de iglesia que hace grandísima ventajas a las fiestas de España. El convento de la Concepción tiene otras tantas monjas y muy lindas voces y música, y corren parejas en las fiestas con las de la Encarnación, en la fiesta particularmente de la Degollación de San Juan Baptista. El convento de Sancta Clara, que agora comienza a recibir monjas, tiene muy buena casa. El convento de las descalzas de Sam Joséf y el convento de la Sanctísima Trinidad. Todos estos son de monjas, que son cinco… Y fuera de la ciudad está el convento de los frailes descalzos. Es una casa muy devota y hay en ella sanctísimos hombres, está de la otra parte del río, donde acude mucha gente a consolarse con la conversación de aquellos religiosos”.

El convento de los frailes descalzos citado por Ocaña era el convento franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles que había sido fundado en 1595. Continúa refiriendo otros “lugares píos y de devoción”: Nuestra Señora de Copacabana, la Peña de Francia (lugar que ocuparía el convento de Santa Clara), Nuestra Señora del Prado (la imagen de esta advocación recibía culto en la ermita del Prado que, en 1639-1640, se convertiría en el convento de Nuestra Señora del Prado, de agustinas recoletas), Montserrat y Nuestra Señora de Guadalupe, apuntando que “todas las fiestas de las iglesias se celebran con solemnidad”.

Menciona también los cuatro colegios más importantes de la ciudad: el colegio Real, el de San Martín, el del Arzobispo (debe referirse al colegio seminario de San Toribio fundado por el arzobispo Toribio Alfonso Mogrovejo, en 1591) y el seminario de los jesuitas, es decir, el noviciado de San Antonio Abad.

Completa el elenco de instituciones asentadas en la ciudad citando las “casas de mujeres recogidas, como es la Caridad [Santa María de la Caridad], San Diego [Orden de San Juan de Dios] y los Niños huérfanos [hospicio de Nuestra Señora de Atocha]”, y los hospitales de San Andrés (“de españoles”), el de Santa Ana (“de los naturales”), y el de San Pedro (“para curar clérigos pobres”). Extramuros de la ciudad, al otro lado del río, se encontraba el hospital de San Lázaro (para curar a los leprosos).

Finalmente, precisa la gran actividad cofrade que se desarrollaba en la ciudad:

Hay muchas cofradías en todos los conventos y todas ellas hacen sus fiestas y con mucha abundancia de cera que gastan. Y las noches de las vísperas ponen en las iglesias luminarias y arrojan cohetes y hacen muchas invenciones de fuegos con que en esta tierra nueva celebran las fiestas”.

Como vemos por la descripción de Ocaña, en 65 años, Lima se convirtió en el epicentro de la América del Sur española, con un despliegue de centros de poder político, económico, cultural y religioso similar a las grandes metrópolis de las coronas hispanas.

Ocaña nos proporciona una valiosa información de esta ciudad, la cual llegó a conocer bien a lo largo de sus estancias en ella. Nos habla de su caserío, de la climatología, de sus habitantes y de sus costumbres. En este artículo centraré el foco en aquellos elementos relevantes desde el punto de vista sensorial y festivo. Lo primero que Ocaña apunta es a la escasez de fiestas patrocinadas por el poder virreinal, lo que pone en contraste con la abundancia de ceremonias religiosas que proliferan por las distintas instituciones sacras de la ciudad:

En la ciudad, según yo experimenté en dos años que estuve en ella, muy falta de fiestas de plaza, que entristece más a la gente, pues en estos dos años no hubo juegos de cañas ni toros ni otras fiestas semejantes con que la gente se suele alegrar. Pero lo que falta desta fiestas, sobran de iglesias, pues no hay domingo ni día de fiesta en que en alguna iglesia no haya fiesta, adonde la gente acude a rezar y con ese achaque a pasear, porque andan muchas mujeres tapadas por las calles”.

Vemos como no pasa desapercibida a Ocaña la costumbre de las mujeres limeñas, al igual que las sevillanas y madrileñas de la época, de velarse parcialmente la cara. En Lima, esta costumbre persistió, a pesar de las sucesivas prohibiciones, hasta el siglo XIX. La primera censura a las tapadas en Lima, con amenaza de excomunión a las que lo incumplieran durante las procesiones del Corpus Christi, la Semana Santa y otras procesiones públicas, dimana del Tercer Concilio de Lima, en 1583, durante el arzobispado de Toribio Alfonso Mogrovejo.

Con su tono humorístico, Ocaña nos cuenta que en la ciudad: “hay muchos caballeros y caballos, de suerte que cuando hay carrera se juntan más de cien hombres a caballo. Hay falta de caballos buenos en esta ciudad, pero los que tienen salen muy bien aderezados y con ricos jaeces, que parecen grandes de España”.

Los dos años que Ocaña dice que estuvo en la ciudad de Lima no fueron continuados, ya que, en esta primera ocasión, partió del puerto de Callao el seis de febrero de 1600, cuando llevaba en ella poco más de tres meses. En el capítulo “De algunas cosas que tiene Lima en particular” (fols. 65r-70v), Ocaña nos da cuenta de una serie de eventos que tuvieron lugar durante su segunda estancia en la ciudad, a la que llegó tras un largo periplo por tierras de las Reales Audiencias de Santiago de Chile y de La Plata, provincia de los Charcas, en diciembre de 1603, a los cuales haré referencia en el artículo correspondiente a esa etapa cronológica del viaje. Algunos de los lugares citados debió visitarlos en esta segunda residencia, ya que todavía no se habían fundado en 1599.

Fuente:

Biblioteca de la Universidad de Oviedo. Diego de Ocaña, Relación del viaje de Fray Diego de Ocaña por el Nuevo Mundo (1599-1605), Fondo Antiguo [288], 59v-64v.

Bibliografía:

Álvarez, Arturo, Un viaje fascinante por la América hispana del siglo XVI. Madrid: Studium, 1969.

Bass, Laura R, y Wunder Amanda, “The Veiled Ladies of the Early Modern Spanish World: Seduction and Scandal in Seville, Madrid, and Lima”, Hispanic Review 77/1 (2009), 97-144.

Fray Diego de Ocaña, Viaje por el Nuevo Mundo: de Guadalupe a Potosí, (1599-1605). Blanca López de Mariscal y Abraham Madroñal (eds.). Madrid: Iberoamericana, 2010.

Campos y Fernández de Sevilla, Francisco Javier, y Guzmán Reyes, Ernán, Fr. Diego de Ocaña y la Virgen de Guadalupe en el Virreinato del Perú: el lienzo de la Santa Iglesia Catedral de Lima. Lima: Arzobispado de Lima, Museo de Arte Religioso de la Catedral de Lima, 2014.

Estabridis Cárdenas, Ricardo, “Perú, reino de María. La entronización de la Virgen de Guadalupe de Extremadura”, Quiroga 12 (2017), 2-16.

López Guzmán, Rafael, y Mogollón Cano-Cortés, Pilar, “La Virgen de Guadalupe de Extremadura: Iconografía Andina. I”, Quiroga 12 (2017), 46-57.

Campos y Fernández de Sevilla, Francisco Javier, “La relación del viaje de fray Diego de Ocaña por el virreinato del Perú (1599-1606): su crónica y los paratextos”, Revista del Archivo General de la Nación (Lima) 34/2 (2019), 11-41.

Publicado:
Modificado: 28 Jul 2026
Referenciar: Ruiz Jiménez, Juan (ORCID: 0000-0001-8347-0988), "Aspectos sensoriales, litúrgicos y musicales del viaje del monje jerónimo fray Diego de Ocaña a las Indias (1599-1608): Lima (II)", Paisajes sonoros históricos, Núm. 12 (), http://www.historicalsoundscapes.com/evento/1797/lima.

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Recursos

Convento de Santo Domingo en Lima

Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe (Lima). Principios del siglo XX. Colección L. M. Bogdanovich

Grabado publicado en Historia de Nuestra Señora de Guadalupe. Pedro Ángel (1597)

Nuestra Señora de Guadalupe. Atribuida a fray Diego de Ocaña (1599)

Lugares citados por Diego de Ocaña georreferenciados en el plano de Lima de 1685

Salve regina. Rodrigo de Ceballos. Rodrigo de Ceballos (ca. 1533-1581). Ensemble Gilles Binchois. Director: Dominique Vellard. Documentos Sonoros del Patrimonio Musical de Andalucía. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, 2003

Salve regina. Rodrigo de Ceballos. Rodrigo de Ceballos (ca. 1533-1581). Ensemble Gilles Binchois. Director: Dominique Vellard. Documentos Sonoros del Patrimonio Musical de Andalucía. Consejería de Cultura, Junta de Andalucía, 2003

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