De Trípoli a Venecia, decimocuarta etapa del viaje de Jerusalén de Francisco Guerrero (1588-1589)
Ruiz Jiménez,
Juan
Real Academia de Bellas Artes de Granada
0000-0001-8347-0988
Resumen
El 14 de noviembre de 1588, Francisco Guerrero, en compañía de su alumno Francisco Sánchez, cinco peregrinos y ocho o nueve mercaderes italianos que venían de la India partieron de Trípoli en dirección a Venecia, ciudad a la que llegarían el 19 de enero de 1589. En ella se quedaron mes y medio alojados en casa del cantor español Antonio de Ribera.
Palabras clave
fiesta de la Natividad de Nuestro Señor , impresión de un libro de música , obras impresas de Francisco Guerrero , Francisco Guerrero. Mottecta (1589) [G 4875] , Francisco Guerrero. Canciones y villanescas espirituales (1589) [G 4876] , viaje , Itinerario del viaje a Jerusalén de Francisco Guerrero , Francisco Guerrero. El viaje de Jerusalén , cartografiando Francisco Guerrero , Francisco Guerrero (compositor, maestro de capilla) , Francisco Sánchez (músico) , Antonio de Ribera (cantor, castrado) , Gioseffo Zarlino (teórico, compositor, maestro de capilla) , Baldassare Donato (compositor, cantor, maestro de capilla) , Giacomo Vincenzi (impresor)
Francisco Guerrero, en compañía de su alumno Francisco Sánchez, un grupo de cinco peregrinos y “ocho o nueve mercaderes italianos que venían de la India” partieron de Trípoli el 14 de noviembre. De nuevo, podemos establecer una cronología precisa del viaje de retorno, ya que, al final de esta etapa, Guerrero nos dice: “Estuvimos desde Tripol hasta llegar a Venecia sesenta y seis días. Entramos en la ciudad a diez y nueve de enero del año de mil y quinientos ochenta y nueve”.
En este viaje de retorno, pararon en algunos puertos en los que ya habían recalado en la travesía desde Venecia a Jaffa y visitaron otros nuevos. No parece que llegaran a desembarcar en el puerto chipriota de Famagusta, ya que Guerrero solo dice: “llegamos a vista de Famagosta, que es la cabeza de aquel reino [Chipre]”. Al igual que en el viaje de ida, costearon la isla de Candia [= Creta]: “y por la costa de Turquía venimos a la Morea, a vista de Modón”. Guerrero denomina costa turca a la costa griega, ya que la mayor parte de Grecia, en el siglo XVI, pertenecía al Imperio Otomano. La Morea era el nombre con el que durante la Edad Media y la Edad Moderna se conocía a la península del Peloponeso y Modón [= Modona] es el puerto costero enfrente de la isla de Sapientza, lo que nos permite aproximarnos a esta parte del itinerario en el que debían ir cabotando.
La primera escala importante volvió a ser en la isla de Zante, donde estuvieron aprovisionándose diez días, sin que Guerrero nos amplíe la información que nos había proporcionado en su primera visita. De allí fueron a la isla de Corfú, uno de los importante enclaves de la República de Venecia en el mar Jónico, donde Guerrero, escuetamente, apunta: “tuvimos la Pascua de Navidad”, sin más referencia a la celebración de este importante momento del año litúrgico cristiano, al que el compositor era especialmente afecto. Sí comenta la importancia estratégica de esta isla y puerto para los venecianos: “porque me parece que es la llave de Italia”.
Continuaron el viaje siguiendo la costa adriática:
“Y pasando la costa de Esclavonia y Albania y Dalmacia, venimos a una graciosa isla y ciudad que se llama Lezna. Estuvimos en un monasterio de frailes franciscos cinco días, por haber gran tormenta en la mar. La lengua que aquí se habla es la esclavona, aunque entienden el italiano. La ciudad, aunque es pequeña, tiene muy buenas y fuertes casas y hay buen puerto”.
Guerrero se está refiriendo a Lesena o Lesina, actual isla croata de Hvar, otro asentamiento veneciano. Según Willem Wermeer, el idioma que se hablaba en esa isla era: “Southern Chakavian or Ikavian Chakavian, one of the Chakavian variety of Croatian”. El puerto se encontraba en la ciudad homónima y en ella, construido en la segunda mitad del siglo XV, el monasterio franciscano y su iglesia dedicada a Santa María de la Merced, los cuales han llegado hasta nuestros días.
Siguiendo la costa de la península Istria llegaron a Parenzo, donde abandonaron la nave que los había traído hasta aquí para tomar otro barco que los llevaría a Venecia, la cual se encontraba a “cuarenta leguas”.
En cierta manera, Guerrero consideraba Venecia como el punto de partida de su viaje a Tierra Santa, como expresa en su libro: “Adonde llegamos por la misericordia de Dios con salud y alegría bien deseada. Dimos muchas gracias a Dios por habernos llevado y traído de tan sancto viaje y peligrosa jornada, así de mar como de tierra”. No sabía el compositor, a su llegada a esa ciudad, que la etapa más dura y comprometida de su itinerario estaba todavía por llegar.
En la ciudad de Venecia estuvieron mes y medio: “por reparar la salud y trabajo del camino y recoger y corregir mis libros que hallé estampados”. Como ya se dijo en la escala veneciana del viaje de ida, el compositor había dejado concertada con Giacomo Vincenzi la impresión de dos de sus libros, uno de motetes y otro con una selección de canciones y villanescas. Es entonces cuando comenta que tiene allí un amigo, del que no nos dice el nombre. Una hipótesis es que fuera Antonio de Ribera, “cantor de la Señoría” del que ahora sí relata que lo hospedó durante su estancia en la ciudad: “adonde fui en su casa tan regalado que mis padres no lo pudieran hacer con mayor amor, que fue causa que tuviese entera salud”.
La pertenencia del cantor español Antonio de Ribera a la Serenissima Cappella Ducale di San Marco, conocida también como Capella Marziana, y su actividad musical en Venecia están bien documentadas. Desconocemos de dónde era originario. Fue el primer castrado de la Capella Marziana, del que Baldassare Donato, su maestro de capilla, nos dice, en 1590: “Antonio, Spagnol: bella, et buona voce, ma non troppo sicuro”. Ya formaba parte de esta institución en 1568 y permaneció en ella hasta su muerte en 1597. Su excepcional salario de 100 ducados anuales fue el más elevado entre los cantores de la Cappella Ducale de su tiempo, como refiere Giovanni Mocenigo, procurador de San Marco, a Pietro Duodo, embajador veneciano en Francia, en una carta, fechada en Venecia el 9 de mayo de 1597, en la que le solicitaba la búsqueda de cantores tiples (“eunuchi”) y bajos: “sicome se li daranno ... ducati cento all'anno, sallario che non è stato mai dato se non al spagnuol eunucho che morise ultimamente”.
Al igual que otros cantores de la Capella Marziana también formó parte de las capillas musicales de algunas de las principales cofradías de la ciudad, las llamadas Scuole Grandi, más concretamente de la “della Carità” (1580-1588) y de la de San Rocco (1577-1578).
Los contactos musicales que Guerrero tuvo en Venecia, especialmente con las figuras del teórico Gioseffo Zarlino y del cantor Antonio de Ribera, seguro le permitieron, durante su prolongada estancia en la ciudad, conocer a otros destacados compositores e intérpretes, así como escuchar la música vocal e instrumental que se interpretaba en la ciudad en un momento en el que se estaban produciendo importantes cambios estilísticos que no debieron dejarlo en absoluto indiferente.
Quiero agradecer al musicólogo Rodolfo Baroncini su generosidad por toda la información que me ha proporcionado sobre el cantor Antonio de Ribera, la cual es en su mayor parte inédita.