El domingo 8 de marzo de 1551, un grupo de alumnos del colegio de los Meninos Órphãos salía a las calles de Lisboa, entonando cantos piadosos y acompañado por una multitud que los siguió hasta la Ribeira. Allí embarcaron en un batel y descendieron por el río hasta Belém, donde pasaron la noche. El martes, 10 de marzo, con un viento favorable, emprendieron un largo viaje que los llevaría hasta Goa (India). Desde allí, algunos continuaron su recorrido hasta Ormuz (Irán), mientras que otros se dirigieron a Malaca (Malasia) y Funai (Japón), donde llegaron en julio de 1556. En todas estas misiones desempeñaron una importante labor evangelizadora de la población local, en la que la música jugó un papel relevante.